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La cara de tristeza y llanto de Charlene Wittstock en su boda con el príncipe Alberto de Mónaco llamó la atención de la prensa mundial, sobre todo al comparar su estado con la gran felicidad que demostraba el rostro de  Kate Middleton al unirse con el Príncipe Guillermo.

En Mónaco hubo una decepción por la boda real entre algunos de sus súbditos al no haber una mirada de complicidad y amor en la pareja. Y es que mientras Charlene lloraba, Alberto la veía incrédulo y no con ternura.Expertos en enlaces reales especulan que el llanto de la nadadora sudafricana tiene un por qué: se le obligó a firmar una acuerdo prenupcial en donde se estipula deberá estar casada con Alberto al menos por cinco años y darle un heredero varón.

Se especula también que ella trató de huir del compromiso en un par de ocasiones al enterarse de la existencia de otro hijo ilegítimo de Alberto de Mónaco, de 52 años. Lo peor que fue concebido durante su relación con su hoy esposa.

Hay quienes aseguran que para Charlene, de 32 años, es un gran peso el ser la sucesora de Grace Kelly al compararla con la finada princesa por su gran porte y elegancia.

Agobiada por todo esto, se dice que tres días antes de la boda, que se desarrolló el pasado 2 de julio, la novia deseó romper el compromiso, pero los escoltas y la princesa Carolina lograron persuadirla de no hacerlo porque hubiera representado una ofensa para Mónaco.

Y al final la unión se dio entre las lágrimas de Charlene y luego vino el tradicional beso de la pareja afuera de la Iglesia en Mónaco…tan frío para muchos.

Esto nos hace preguntar: ¿Continuará la maldición de Los Grimaldi de no encontrar la felicidad?

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